Goce| 4 Oct 2008 - 12:45 am

Todo sobre esta bebida

El buen bebedor de whisky

Por: Hugo Sabogal
El licor, que nació en Irlanda, tiene una manera específica de beberse, al igual que el vino. Primero se debe apreciar el color, impregnar las paredes del vaso, decidir si se mezcla o no con agua y, finalmente, analizar la calidad del aroma.
Whiskies
Foto: Herminso Ruíz - El Espectador

Aquellos whiskies que se aprecian mejor puros son los de malta o los blended con añejamientos superiores a ocho años.    

Más que la euforia producida por cualquier bebida alcohólica destilada, los buenos bebedores buscan, de manera incesante, un festín de aromas y sabores en todos los tragos que llevan a su boca. Y aún más que la cantidad de copas, lo que más les seduce es la calidad y el origen de los licores escogidos. Ahí radica su placer.

Los buenos bebedores de whisky, por ejemplo, saben que sus inicios se remontan a comienzos del siglo XV (1405) en Irlanda. La cultura pasó luego a Escocia, donde las primeras referencias de creación datan de 1496. En ambos casos los responsables de su elaboración fueron monjes cristianos que aprendieron las artes de la destilación en sus recorridos por el Oriente Medio, donde estos procesos se introdujeron alrededor de los siglos VIII y IX de nuestra era.

También deben conocer el origen etimológico de la palabra whisky. En escocés galélico, la bebida alcohólica obtenida de la destilación de grano fermentado y luego añejada en barriles de madera, principalmente de roble, se denominó uisge-beatha. Los irlandeses la llamaron uisce beatha o fuiste.

Su popularidad se extendió luego a todas las islas británicas, pero fue su llegada a Londres y a los principales centros urbanos lo que la consagró. Con los años, y a medida que la expansión del Imperio de Albión alcanzó vastos territorios en los cuatro puntos cardenales del globo, la práctica se llevó a nuevas zonas, y, por eso, hoy tenemos whiskies estadounidenses, canadienses, galeses, japoneses, indios, franceses, alemanes y hasta españoles. En Suramérica, países como Argentina han incursionado en este terreno.

No todos los whiskies son iguales. Así como sucede con el vino, algunas de las características aromáticas y gustativas se asocian con el lugar de origen. En Escocia, por ejemplo, existen cuatro regiones principales, donde se concentran las destilerías: Campbeltown, las Highlands (o tierras altas), Islay y las Lowlands (o tierras bajas). Dentro de las Highlands se encuentran dos subregiones conocidas como Speyside y las Islands. En particular, Speyside siempre se ha considerado una zona en sí misma, pues posee la mayor cantidad de destilerías del país.

Otros aspectos que inciden en el carácter del whisky incluyen el origen o tipo de grano, los métodos de elaboración, la calidad del agua empleada para rebajar el alcohol y el tipo de barricas utilizadas para el envejecimiento.

Para el buen bebedor, la degustación, como en el vino, debe seguir un rito estricto. Se analizan la apariencia (color, textura, claridad), la intensidad del aroma cuando se sirve puro, la intensidad del aroma cuando se mezcla con una mínima cantidad de agua y, por ultimo, la intensidad del sabor en el paladar. Después de apreciar el color se recomienda menear la copa en movimientos circulares para impregnar las paredes interiores del cristal. Así podrán apreciarse las lágrimas o piernas (por

  • Hugo Sabogal | EL ESPECTADOR

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