Bogotá| 3 Oct 2008 - 11:56 pm

En el Museo de Bogotá se está realizando una exposición sobre las estatuas de la ciudad

Los hombres de hierro

Por: Redacción Bogotá
El Espectador, a manera de entregas, le cuenta desde hoy  las historias de los monumentos de la capital, a raíz de la publicación del libro “Bogotá, un museo a cielo abierto”, editado por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.
La Rebeca
Foto: Archivo.

La Rebeca. Este monumento, que reposa en una plazoleta ubicada entre las carreras 12 y 13 y las  calles 25 y 26, fue inaugurado el 24 de julio de 1883.    

El mismo día de la inauguración de la nueva sede del Museo de Bogotá, en la casa que fuera del Virrey Sámano, el último de los virreyes españoles, se lanzó el libro y la exposición que lleva el mismo nombre, “Bogotá, un museo a cielo abierto”. El texto, un documento bellamente editado, contiene la historia de las diferentes estatuas que hay y otras que ya no están, pero pasaron a la historia de Bogotá.

La primera entrega de esta publicación, cuya investigación y edición estuvieron a cargo del Instituto Distrital de Patrimonio, relata la historia de los monumentos de personajes tan disímiles como Tomás Cipriano Mosquera hasta Guglielmo Marconi, el inventor del telégrafo, pasando por el célebre Mono de la Pila, un verdadero ícono de la Bogotá de siglos pasados, y La Rebeca, ahora restaurada.

El Espectador, en varias entregas, irá relatando la historia de estos personajes que observan, en silencio, cómo el mundo gira y gira, mudos testigos de las épocas, las revoluciones, la sangre en las calles, el tráfico y la vida diaria de la capital.

De la misma forma, el relato recorrerá aquellos que aún están y todos los demás que se han ido para no volver, aquellos que la planeación urbana, el afán desordenado de crecimiento, han relegado a la bodega de un coleccionista obsesionado o, peor aún, a algún horno de fundición a donde ha ido a parar la gloria o infamia de todos los que fueron inmortalizados, para bien o para mal, en hierro, bronce, mármol o concreto.

El Caudillo

Siempre con el brazo en alto, con las cejas fruncidas, con los labios tensos, con el discurso enardecido y elocuente: “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”. Siempre Jorge Eliécer Gaitán. Para inmortalizarlo, para que su memoria no muriera, para que trascendiera el hombre que pudo cambiar la historia de Colombia, como repiten cientos de voces seguidoras de El Caudillo, el 15 de julio de 1962, a las 11:00 a.m., se inauguró en el barrio La Perseverancia este monumento. No hubo un autor que pasara a la historia. Es una obra anónima. También está El Caudillo en un busto en el barrio El Centenario y otro en el parque del barrio Ricaurte, pero éste tiene color, el rojo y blanco del Partido Liberal, el partido de Gaitán.

El mono paseador

En 1775 fue instalada en la Plaza Mayor una fuente de gran altura coronada por una figura que se pensaba, era Neptuno, el Dios de los Mares en la mitología romana. En tierras del Sagrado Corazón fue rebautizado como San Juan Bautista. Los habitantes de Bogotá no entendieron quién era quién y se referían al ídolo que dominaba la fuente como el muñeco, el

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LIBERTA_AVG

5 Octubre 2008 - 7:05am
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Supongo que seria menos espectacular el titular "Los hombres de bronce".

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