Internacional| 6 Oct 2008 - 5:18 pm

La ropa correcta frente al extremo equivocado de una pistola

Por: Marc Lacey / The New York Times News Service
Enclavada sobre una calle de Polanco, en México, hay una tienda cuyo negocio dice mucho del lamentable estado de la seguridad en ese país. En Miguel Caballero, en honor a su propietario colombiano, todas las prendas de vestir son a prueba de balas.

Ciudad de México. Exclusivas tiendas de ropa se forman sobre la Avenida Presidente Masaryk en esta urbe. ¿Un abrigo de Burberry? ¿Un traje Corneliani? ¿Una mascada de Gucci? Si usted tiene suficientes pesos, son suyos.

Pero, enclavada sobre una frondosa calle en la colonia Polanco, hay una tienda diferente a la otras, cuyo pujante negocio dice mucho acerca del lamentable estado de la seguridad en este país. En Miguel Caballero, en honor a su propietario colombiano, todas las prendas de vestir son a prueba de balas.

Hay tanto chaquetas de piel como camisas tipo polo a prueba de balas. Guayaberas blindadas están colgadas junto a rompevientos protectores, chaquetas invernales e incluso camisas con holanes para esmoquin. Cada integrante del personal de ventas ha tenido su turno para que le disparen mientras viste alguno de los productos, que van desde unos cuantos cientos de dólares hasta $7,000, para que así ellos puedan rendir testimonio de la eficacia del tejido secreto. "Se siente como un golpe", dijo un vendedor que recibió un disparo en el estómago.

¿Quién, exactamente, está dispuesto a desembolsar miles de dólares por estos sofisticados escudos? Entre los clientes están los Presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Alvaro Uribe de Colombia, sin mencionar a diversos integrantes de la realeza, estrellas de cine y otras celebridades.

Conforme México lucha con un aumento en la violencia relacionada con las drogas, las ventas han mostrado un ascenso constante, informó la empresa, aunque se negó a proporcionar cifras exactas. Aquellos que se sumergen en la boutique privada, pasando primero a través de un detector de metales, abarcan toda la gama.

Está el cirujano que sale de trabar del hospital ya entrada la noche y se siente vulnerable mientras camina a través del estacionamiento para llegar a su automóvil. Ahora, ese maleante potencial puede dispararle con un revólver calibre 38, una pistola 9 mm o una subametralladora e incluso así, no lograría penetrar su ligero abrigo, resistente al calor y muy de moda.

Está el distribuidor de periódico que tiene veintenas de empleados que reúnen diarios con él en las primeras horas de la mañana, los cuales dejan a las puertas de viviendas a lo largo de la capital. âl se detuvo en la boutique el otro día en busca de

  • Marc Lacey / The New York Times News Service | EL ESPECTADOR

  • Página
  • 1
  • 2
  • 3
5
(4 votos)
Opinar| Enviar| Imprimir|
1

Opinión

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

pamito

7 Octubre 2008 - 9:48am
Ingrese aquí o regístrese para opinar

Que articulo mas tonto, y superfluo no aporta nada y solo le deja al lector la sensacion de hber perdido su tiempo leyendolo.

Opinión por:

mjimenez

7 Octubre 2008 - 10:10am
Ingrese aquí o regístrese para opinar

Esto contesta su comentario:

Por: Marc Lacey / The New York Times News Service

Publicidad
Lo más...
Publicidad
Suscripciones El Espectador
  • Nuestra edición impresa

    Suscribase aquí
    y conozca todos los beneficios.

    Suscríbase